Jijos del maíz

Jijos del Maíz combina arte, tradición y memoria para explorar la relación cultural con el maíz en México, en un contexto que fusiona lo tradicional y lo contemporáneo, así como la construcción de identidad en las periferias urbanas de la CDMX como Ciudad Neza.

Jijos del Maíz combina arte, tradición y memoria para explorar la relación cultural con el maíz en México, en un contexto que fusiona lo tradicional y lo contemporáneo, así como la construcción de identidad en las periferias urbanas de la CDMX como Ciudad Neza. Utiliza técnicas como escultura, pintura, land art y arte sonoro para mostrar saberes ancestrales, promover reflexiones sobre identidad, mitos y prácticas rurales, y fortalecer la memoria y resistencia cultural. A través de esta propuesta, buscamos evidenciar el sincretismo cultural presente en la relación entre tradición y periferia, promoviendo una mirada que integra las raíces ancestrales con las experiencias contemporáneas.

En México esta frase puede contener muchos significados, entre ellos el de describir a alguien que ha tenido éxito en algo que se consideraba improbable. Otro es el de un “hijo de su madre”.

En mesoamérica todos somos “hijos del maíz”, según los mayas quiché, el Popol Vuh: “Pasó mucho tiempo sin que los dioses intentaran crear un nuevo hombre, después de meditar largamente cuál era el mejor material para que éste pudiera finalmente pensar y sentir decidieron tomar mazorcas de maíz y con ellas crearon una masa blanca de la cual formaron cuatro hombres Balam Quitza, Balam Acab, Ma Hucutah e Iqui Balam, los nuevos seres eran inteligentes y podían correr, pensar y amar, el maíz con el que fueron creados se impregnó en su esencia, se volvió su sangre y formó su corazón.”

Los mitos que habitan el "Popol Vuh" revelan profundas enseñanzas sobre la interdependencia del ser humano con la naturaleza. Sin embargo, esta relación sagrada enfrenta desafíos apremiantes en la actualidad.

La modernización de las prácticas agrícolas, el maíz transgénico, la inestabilidad climática y el uso indiscriminado de agroquímicos amenazan no sólo la diversidad genética del maíz, sino también el legado cultural de aquellos que han cultivado a lo largo de generaciones. Cada tipo de maíz, ya sea el rojo, el blanco o el azul, no solo contribuye con un abanico de sabores y texturas, sino que es un símbolo intrínseco de identidad para los pueblos que lo cultivan.

Estos "Hijos del Maíz" trascienden la mera categorización de un recurso agrícola; son portadores de historia, de resistencia, de soberanía alimentaria y de la continuidad cultural de múltiples etnias que habitan el territorio mexicano.

La siembra y la cosecha de estos granos se encuentran impregnadas de rituales y tradiciones que fortalecen su relevancia social y emocional. En este proyecto se aborda a esta planta no solo como alimento sino como materia ritual, cultural, de creación y simbólica. En la década del sesenta muchos migrantes llegaron siendo niños a Ciudad Nezahualcóyotl, entre tolvaneras y tierras saladas, algunas familias se dedicaron a hacer tortillas, el crecimiento del nuevo suburbio propició que surgieran molinos y hacer las tortillas con la masa que ellos producían con el proceso de nixtamalización del maíz.

La falta de grandes empresas que suministraran a los nuevos pobladores de Cd. Neza de productos básicos, generó una economía local que fue creciendo de a poco, ello ante la derrama económica que dejaron en el territorio sus pobladores, quienes a diario atravesaban terrenos baldíos y lodosos para “agarrar su chimeco” (camión o autobús) y llegar a sus empleos en la Ciudad de México.

Los habitantes de Nezahualcoyotl, también hombres y mujeres de maíz, como en el mito del Popol Vuh, podían andar, sentir y pensar,  eran unos “jijos del maíz” que hicieron de ese lugar su casa a pesar de tener mucho en contra.

En esta propuesta se conjugan diversas formaciones, influencias, saberes y culturas, para hablar también de un sincretismo y de los retos actuales que tenemos los nuevos seres de maíz, que venimos de pueblos originarios y campesinos, que crecimos en las periferias y nos educamos en las universidades del centro. Sin perder de vista que también nos catalogaron como la primera generación global que creció en la era digital, viendo caricaturas japonesas (anime), animaciones soviéticas, que quisieron verse muy punks en sus barrios suburbanos, quienes crearon y consumieron las primeras creepypastas y los videos de la post verdad. Todo lo anterior y más, somos los ahora “jijos del maíz” y por eso es pertinente hacer un par preguntas ¿Qué somos? Y ¿Cómo hemos construido nuestra identidad?